Rubén Baraja contrajo
matrimonio civil ayer en Xàtiva con la que hasta ahora era su
novia, Mari Carmen, en una ceremonia oficiada por el alcalde
setabense, Alfonso Rus. El ambiente íntimo -sólo familiares y
amigos muy cercanos- impregnó la celebración. No acudió ningún
directivo del club; tampoco el entrenador, Quique Sánchez. Y en
cuanto a futbolistas, sólo estuvieron David Navarro, Carlos
Marchena, Vicente Rodríguez y Miguel Angel Ferrer Mista, ahora en
el Atlético de Madrid.
Si Baraja eligió para la ocasión un
elegante y tradicional traje negro, la novia confió en Hilos de
Seda la confección de un vestido de corte a la cadera con
semimanga de color cava.
La lluvia privó a los contrayentes del
disfrute de la fortaleza y la ceremonia tuvo que ser trasladada a
la sala de audiovisuales del castillo, un espacio que nada tiene
que ver con la replaza a los pies de la escalinata que alberga
generalmente estas bodas y que permite a los novios e invitados
deleitarse con las abundantes vistas del resto de la
fortificación.
Un dúo compuesto por un pianista y una
cantante amenizó parte del acto. Y el alcalde, como es habitual,
regaló a la pareja el mismo detalle con que el ayuntamiento
obsequia a todos los que se casan por civil en Xàtiva: un
socarrat artesano con el nombre de los contrayentes. Rus bromeó
con Baraja al mencionar que la boda era un poco como un partido, y
hay que demostrar que también se sabe jugar bien aunque llueva.
La ceremonia comenzó a las doce y media del mediodía. Una hora
antes se optó por el traslado a cubierto al ver que la lluvia no
cesaba. Algunos aficionados intentaron acceder a la sala pero la
pareja pidió con insistencia que se respetara su intimidad.
Acudieron alrededor de 100 invitados que subieron al castillo a
bordo de microbuses fletados por el jugador.
La comida posterior se celebró en la
hostería Mont-Sant, en la misma subida al castillo. En este
exclusivo local, los invitados pudieron disfrutar de un cóctel de
bienvenida y, posteriormente, de un menú compuesto por crema
capuchina de ceps; tarta de foie; carrillera de ternera con salsa
de trufas del Maestrazgo y cilindro de té con café au lait y
crujiente de avellana. Mont-Sant es un restaurante y hotel de
cuatro estrellas que de ser la residencia de su propietario,
Javier Andrés, pasó a convertirse en hotel en 1994.